La Orden de las Hermanas Pobres – Cap. 30: Clarisas y San Damián 🕊️
Durante los primeros años en San Damián, Clara y sus primeras compañeras vivieron intensamente la pobreza y la clausura, bajo la orientación cercana de san Francisco, sin reglas formales ni estructura establecida
Origen y fundación
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Clara, con apenas 18 años, decide seguir el ejemplo franciscano, recibiendo el hábito junto con sus primeras damas en 1212 .
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Francisco actúa como su guía pastoral y asegura que la comunidad viva en auténtica pobreza .
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Clara gestiona con Inocencio III en 1215 el Privilegio de pobreza, que declara su derecho a no poseer bienes; un compromiso ratificado públicamente “cum hilaritate magna”
Desarrollo del ideal contemplativo
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La vida de las “hermanas pobres” fue extremadamente austera: mendicantes y de silencio profundo. Se comenta que “algunas apenas recordaban las palabras que debían emplear”
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Instaladas en una capilla deteriorada, no construyeron desde cero, sino que “repararon la vieja”, en un gesto que simboliza su propósito de renovación fiel a la tradición evangélica 🕯️ simbolismo que Iriarte destaca en su obra “Historia Franciscana”.
El papel de Clara
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Clara es descrita con un juego de palabras que celebra su identidad: “Clara de nombre, más clara por su vida, clarísima por su virtud”
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Su liderazgo espiritual impulsa el modelo de vida contemplativa, basado en pobreza, clausura y silencio, que luego será adoptado como norma en la comunidad.
En 1212, Clara de Asís y un pequeño grupo de mujeres arropadas por san Francisco se establecen en la humilde capilla de San Damián. Allí comienzan a vivir de forma radical el ideal de pobreza evangélica, aceptando mendigos y confiándose únicamente a la providencia. En 1215, Inocencio III ratifica ese modo de vida mediante el Privilegio de Pobreza, que reafirma la renuncia a cualquier posesión. Clara, cuyo nombre y vida reflejaban una pureza excepcional, se convierte pronto en abadesa y guía espiritual de la comunidad.
Las hermanas observan un silencio estricto y una clausura rigurosa: cocinan, oraban y tejen, pero son muy discretas al relacionarse con el mundo exterior. Con su decisión de restaurar, no reconstruir desde cero, la capilla de San Damián, muestran cómo la fidelidad a las raíces del Evangelio podía actualizarse sin romper con la tradición. El testimonio de Clara y sus hermanas establece el modelo de la Segunda Orden franciscana: contemplación, pobreza absoluta, humildad y renovación eclesial.
Las Clarisas en Córdoba y provincia
La Orden de las Hermanas Pobres (Clarisas) llega a Córdoba en 1256 con la fundación del Convento de Santa Clara, el primer convento femenino tras la conquista cristiana. Establecido sobre antiguas estructuras islámicas y bizantinas, el edificio conserva su torre-alminar, protegido como Bien de Interés Cultural. En el siglo XIX fue abandonado y transformado, entre otros usos, en un colegio.
En Belalcázar, la comunidad de clarisas —monasterio del siglo XV— ha abierto sus puertas al público con visitas nocturnas y el «Día del Dulce Conventual», donde elaboran artesanalmente dulces y mermeladas para el mantenimiento del convento. También hay presencia en Montilla, dentro de la Federación Bética de Clarisas. Estas comunidades combinan vida contemplativa, clausura estricta y una misión de acogida y sostenibilidad a través de su trabajo manual.
Mas información en la web Historia Franciscana
Web de la Federación Bética de Clarisas Ntra. Sra. de Loreto