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Lecciones dogmáticas en Fátima

Fátima es un compendio de nuestra fe. En una época de materialismo y cuando se desprecian como opuestos a la ciencia los misterios revelados, en Fátima se nos inculcan, una y otra vez, verdades tan básicas como éstas:

Crean en Dios Uno y Trino. Y han corrido el mundo entero las admirables fórmulas que el Ángel enseñara a los pastorcitos, como ejercicio de la virtud de la religión: Dios mío, yo creo, adoro espero y os amo; os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Y también: ¡Oh Santísima Trinidad; Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo
Cuerpo, Sangre alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo….

Crean en la presencia real de Jesucristo en la sagrada Eucaristía. Y por ahí empezaron las apariciones del Ángel a los niños en el Cabezo, como preparación previa a la visita de la Virgen.

Crean en el infierno sin fin, como sus penas de daño y de sentido. Que es como lo mostró
la Virgen a los videntes, enseñándoles a repetir: “¡Oh Jesús mío, preservadnos de las penas del infierno!”, e infundiéndoles aquella profunda compasión hacia los pobres pecadores.


Crean en el purgatorio. Y desde las apariciones de Fátima, en medio mundo se ruega por las almas especialmente necesitadas.


Crean en la comunión de los santos. Y aquellas almas buenas e inocentes, pero incultas, comprenden de repente el poder de la oración y el valor del sacrificio, y se consagran a ellos para desagraviar al Señor y para salvar a los hombres sus hermanos.

Crean en la gravedad del pecado que de tal modo ofende y contrista a Jesucristo. Y por el cual el Corazón de María está como atormentado y ceñido de punzantes espinas.

Crean en los maternales oficios de María. En su mediación universal, porque sólo Ella puede venir en nuestra ayuda y a
Ella ha confiado el Señor el don inestimable de la paz.
He aquí una enumeración escueta y abreviada de las lecciones de Fátima. No es preciso comentario alguno para comprender su densidad y valor no sólo en el terreno teológico o dogmático, sino también en el ascético y
pastoral. No lo intentaremos en manera alguna; pero bien fácil sería ponderar su eficacia para volver a buen camino a un mundo extraviado, así como para elevar a la santidad a muchos que ya conocen y aman a Jesucristo, pero
languidecen en una vida mediocre sin vigor y sentido cristiano.